El viernes 16 de enero, el Centro Cívico Tabacalera se llenó hasta convertirse en algo difícil de medir. Casi un centenar de personas se reunieron para acompañar el homenaje a las doce historias de vida que se han incorporado en 2025 a Legado Santander. Entre ellas, personas protagonistas de este año y también otras muchas entrevistadas en ediciones anteriores, que quisieron estar presentes y reconocerse en un archivo común que se construye a largo plazo.


Desde 2021, Legado Cantabria ha recogido cerca de 200 testimonios de vida en toda la región, de los cuales 56 pertenecen a personas vinculadas a la ciudad de Santander. En ese encuentro, esa continuidad fue visible: la memoria entendida no como un acto puntual, sino como un tejido vivo. Una comunidad que vuelve a encontrarse, donde las historias individuales se reconocen unas en otras y adquieren sentido compartido.
Tal y como anunciábamos en la nota previa publicada en nuestro blog del Diario.es, Santander hace memoria de la mano de 12 personas que se han incorporado a Legado, la ciudad decidió detenerse para agradecer a quienes han compartido su vida con palabras propias, sin épica, a su ritmo. Ayer, esa promesa se cumplió.
En 2025, la ciudad de Santander incorporó doce nuevas historias de vida al archivo de memoria oral de Legado Cantabria. Doce trayectorias que, juntas, suman 1.027 años de vida y explican la ciudad desde el trabajo, la cultura, los cuidados, el arte y el compromiso cotidiano.
Las personas homenajeadas este año son: José Ramón Sánchez Sanz, Aquilino Ruiz Bolado, Adelaida Fernández Martínez, Carmen Mora González, Juan González Quijano, Antonio Manzano Zarzuela, César Vidal Pascual, Eloy Velázquez (próximamente), Benjamín García Pastor (próximamente), Cipriano Camus Gutiérrez, Araceli Olea Bárcena y, a título póstumo, María Martina Múgica de la Mano.

El acto se desplegó entre flores, música, imágenes y signos, con el apoyo de FESCAN. Se proyectó un vídeo resumen que recogía fragmentos de los testimonios del año —doce historias, muchas horas compartidas— acompañado por Amore, composición de Gorka Hermosa junto a la clarinetista Edurne Zabalo, que atravesó la sala entre lágrimas y sonrisas.
Una de las voces del acto fue la de Carmen Mora, que compartió un fragmento de su historia y expresó su agradecimiento a quienes —la sanidad pública y la Asociación Contra el Cáncer— le habían permitido, como ella misma recordó, ganar tiempo de vida. Desde ahí, su intervención abrió también una reflexión sobre su origen y sobre los derechos de las mujeres, enlazando memoria personal e historia colectiva sin estridencias. Compartir una vivencia no es solo un gesto íntimo: puede convertirse en motor de participación y acompañamiento para otras personas que han atravesado experiencias similares.

Desde Fundación PEM y el Ayuntamiento de Santander, con Modesto Chato de los Bueys, Francisco Gómez Nadal y la alcaldesa Gema Igual presentes, se volvió a señalar una idea esencial: que una ciudad se reconoce en las vidas que decide recordar. El gerente, Francisco Gómez Nadal, habló del hilo que conecta todas las historias: una ética de los cuidados que recuerda que ninguna vida se construye sola y que envejecer con calidad sigue siendo un acto profundamente colectivo.
En varias intervenciones volvió a aparecer una misma idea de fondo: reconocer que la memoria no vive únicamente en libros, archivos y museos, sino —sobre todo— en las voces de quienes la han vivido. La coordinadora del proyecto, Zhenya Popova, insistió en la importancia del proceso: la memoria no se impone ni se acelera, se acompaña. Eso es, precisamente, lo que trata de hacer Legado Cantabria.
La música en directo del Cuarteto Adagio puso palabras donde el lenguaje ya no alcanzaba. La entrega de diplomas, las intervenciones y el reconocimiento póstumo dibujaron un clima de emoción compartida y respetuosa. Entre esos gestos, Adelaida Fernández Martínez quiso agradecer recitando un poema de María Cuella, para recordarnos algo esencial: que la vejez no es derrota, sino conciencia; que el cuerpo cambia, pero la identidad permanece.
Poema de María Cuella
(«Hoy he visto la vejez que el espejo me ha mostrado»)
Hoy he visto la vejez que el espejo me ha mostrado,
y la huella que al pasar, en mí marcaron los años.
Titubeo al caminar, no son tan firmes mis pasos,
mis manos se vuelven torpes, ya mi pulso va fallando.
Ya flaquea mi memoria, mi pelo se ha vuelto blanco
y de mi vista de lince el brillo se va a pagando.
Mi cuerpo, que esbelto era, ahora camina encorvado;
ya he perdido la arrogancia de aquellos tiempos de antaño.
¡Ya se fue mi juventud, el tiempo me la ha robado!
Resonó con fuerza en la sala, fue un reconocimiento de una vida vivida, recorrida y asumida. Porque no hay vejez sin biografía, y lo que se ha contado —como lo que se ha vivido— permanece.


La crónica del homenaje fue publicada tras el acto en El Diario Montañés, que recoge lo vivido en Tabacalera y las voces que lo hicieron posible. Legado Cantabria tiene previstos dos actos más en las próximas semanas.
El 14 de febrero a las 18:00, en el 85 aniversario del incendio del centro de la ciudad, se estrenará en la Filmoteca Mario Camus el documental La memoria no arde. Y el 1 de febrero, en el Centro Botín, será el turno del homenaje a todas las personas participantes en Legado Cantabria en 2025.
Porque la memoria no se acelera ni se impone.
Se acompaña. No como un recuerdo detenido, sino como una memoria que sigue caminando.
Y ayer, Santander lo hizo








