Datos biográficos
Fecha de nacimiento: 05/09/1942
Nacionalidad: Española
Comarca de residencia: Besaya
Fecha de la entrevista: 19/11/2025

Pedro Luis Lobeto Santoveña nació el 5 de septiembre de 1942 en Otero (Herrerías), en una casa que recuerda como «un portal de Belén». Había llegado a una familia que todavía vivía las consecuencias de la Guerra de España. Su padre, Alfredo Lobeto Areces, carpintero asturiano y comunista, había pasado por campos de concentración y, cuando parecía reconstruir la vida trabajando en los Saltos del Nansa, fue detenido en 1945. Pedro tenía tres años. Vendrían los interrogatorios, la enfermedad, la Prisión Provincial de Santander y El Dueso. Casi once años de ausencia que también cumplieron, a su manera, quienes quedaron fuera. «Nosotros éramos los apestados», recuerda.

Su infancia cabe en un mapa de desplazamientos: Otero, Puente Nansa, Cades, Cabrojo, Ganzo, Camijanes, Viérnoles. Lugares distintos unidos por la precariedad y por una familia empeñada en que los hijos aprendieran. Pedro repartía pan por las mañanas y acudía a la escuela por las tardes; mientras, su padre le mandaba desde prisión problemas a resolver, dictados y correcciones de caligrafía. De su hermano Pepe, convertido demasiado pronto en referencia familiar, guardó una enseñanza que terminaría atravesando toda su vida: «No hay que rendirse, que hay que luchar y luchar». En 1956, cuando su padre recuperó la libertad, Pedro fue solo a esperarlo al apeadero de Viérnoles. Tenía catorce años y la infancia empezaba a quedar atrás: ya trabajaba en la fábrica textil de Las Caldas.

Pasó por la fábrica, repartió vino en bicicleta, aprendió albañilería y comenzó el bachillerato nocturno a los diecinueve años. Después de la mili, en diciembre de 1965 entró en La General, la fábrica de neumáticos de Puente San Miguel. Empezó entre el esfuerzo físico de producción y terminó en el laboratorio, al que accedió por promoción interna; siguió estudiando hasta titularse como ingeniero técnico de Minas. Permaneció treinta y nueve años en aquella industria que cambió de nombre —General, Firestone, Bridgestone— al mismo tiempo que cambiaba la ciudad de Torrelavega y su comarca. En 1966 se casó con Sara Herrera. Tuvieron dos hijos: Begoña y Pedro.

La fábrica fue también el lugar donde su conciencia política se volvió acción. Vinculado al PCE y a las entonces Comisiones Obreras clandestinas, participó en reuniones, propaganda y organización sindical durante los últimos años de la dictadura. Cuando en noviembre de 1968 las detenciones empezaron a extenderse, resumió su posición en cuatro palabras: «Estoy expuesto y dispuesto». Poco después fue detenido. En la comisaría de Torrelavega lo esposaron, paradójicamente, a uno de los radiadores que él mismo había instalado años antes trabajando como albañil. Procesado por el Tribunal de Orden Público, en octubre de 1972 ingresó en prisión y pasó por Burgos, Carabanchel y Jaén hasta abril de 1973. Mientras tanto, Sara se marchó con sus hijos a Bélgica y trabajó allí. Por eso, al recordar la lucha política, Pedro reclama también la memoria de las mujeres que sostuvieron lo cotidiano cuando los hombres estaban dentro: primero su madre, Julia Santoveña Peláez; después Sara.

La democracia no puso fin a su compromiso, sino que le dio otros lugares desde los que ejercerlo. Continuó en CCOO, presidió el comité de empresa y dedicó quince años al Ayuntamiento de Torrelavega, primero desde la Candidatura Popular Independiente, entre 1983-1987 con el PCE y, finalmente, entre 1991 y 1999, con Izquierda Unida. Durante ocho años al frente de Medio Ambiente impulsó recogida selectiva, ordenanzas, campañas de arbolado, un punto limpio que recuerda como pionero y, sobre todo, el Aula Itinerante de Educación Ambiental: otra manera de llevar la política a la vida cotidiana y a las escuelas. También estuvo ligado al movimiento vecinal de Tanos y a la defensa de la sanidad pública.

Tras la jubilación llegaron los cuidados, la enfermedad, la muerte de Sara en 2018 y una forma distinta de mirar el tiempo. A los 83 años no habla de grandes gestas. Dice que ha intentado «ser eficaz, nada más», se siente «satisfecho del deber cumplido» y mantiene que el humor es «un arma de futuro». Cuando piensa en quienes vienen detrás, vuelve allí donde empezó buena parte de su propia resistencia: «Que lean. Que lean».

Ver biografía ampliada de Pedro Luis Lobeto Santoveña
Equipo de realización

Entrevistadora: Zhenya Popova
Operador de Cámara y montaje: Txatxe Saceda