Datos biográficos
Fecha de nacimiento: 04/10/1936
Nacionalidad: Española
Comarca de residencia: Santander
Fecha de la entrevista: 20/08/2025

José Ramón Sánchez Sanz (Santander, 1936) creció entre casa, barrios y pantallas. Niño asmático del Barrio Camino de posguerra, aprendió pronto que el cine podía ser refugio y lenguaje. Mientras otros corrían por la calle, él dibujaba piratas y vaqueros y bajaba a los cines de Tetuán y Puertochico como quien entra en un territorio sagrado. Cuando, con apenas cuatro años, preguntó si en el incendio de Santander se habían quemado los cines, ya estaba dicho casi todo.

Su formación fue un tránsito irregular y fértil: entre el Colegio de los Escolapios de Santander, el internado marista de Palencia y academias de Comercio; un aprendizaje paralelo al oficial, hecho de cuadernos llenos de caricaturas y de cine visto, revisado y vuelto a narrar. La enfermedad marcó el cuerpo; el dibujo, el camino. En 1942, un “corsario-pirata, espada en mano”, apareció en Alerta, germen de una colaboración posterior. Muy pronto el gesto íntimo se convirtió en oficio: caricaturas pagadas, carteles de cine pintados a mano y encargos que lo sacaron del aula y lo llevaron al vestíbulo de los cines, hasta que, con apenas 18 años, expuso en el Museo Municipal de Pintura de Santander. Dos años después, en 1957, entró en Estudios Moro, donde entendió el cine desde dentro, como artesano del plano.

Fue cartelista, animador, ilustrador, diseñador y editor en un país que aprendía a mirarse de nuevo. Trabajó en Palencia, Madrid y Caracas, y transitó por la prensa cultural, la publicidad, la animación y la televisión infantil —Un globo, dos globos, tres globos y programas como Sabadabadá y El kiosko—, donde dibujó en directo y utilizó la pantalla como espacio pedagógico. Realizó también cortometrajes de animación para cine y televisión y promovió proyectos colectivos como la revista Aún y un cine club estable, siempre desde una idea de la cultura como servicio compartido.

Desde finales de los años sesenta y, sobre todo, a lo largo de los setenta, su trabajo se desplazó hacia un territorio decisivo: la educación y la cultura compartida. Ilustró libros escolares y literatura infantil para editoriales como Santillana, Altea y Anaya, y creó series clave como El aprendiz de brujo, donde el dibujo funcionaba como relato, aprendizaje y memoria. A partir de los años ochenta abordó el proyecto que llevaba toda la vida aplazando: pintar el cine. La gran aventura del cine —104 películas pintadas—, 50 años de cine español y el Proyecto Nijinsky marcaron esa etapa. Tras una crisis profunda a comienzos de los años noventa, abordó El Quijote como ejercicio de soledad y madurez creativa. Después ilustró La Biblia y otras grandes obras del Pentágono Ilustrado (1993-2006). A lo largo de su fecunda trayectoria recibió premios como el Lazarillo (1978) y el Nacional de Ilustración (2014), pero el más significativo —y quizá el más fiel a su carrera— llegó desde la escuela: un colegio público de El Astillero lleva su nombre.

Su historia puede leerse como una conversación sostenida entre barrio y mundo: del hijo del “Chiri”, del niño de Barrio Camino, al creador reconocido que, décadas después, sigue estudiando imágenes para comprenderlas. Con el tiempo no perdió el asombro; cambió el foco. Donde antes buscaba la chispa, aprendió a buscar el alma. En ese desplazamiento, la fe tuvo un lugar importante y dejó huella en algunas de sus últimas obras, no como certeza cerrada, sino como espacio de pregunta y gratitud. Hoy permanece ese sedimento: una manera de mirar más agradecida y consciente. Y en ella —más que en los premios— se reconoce el sentido último de su trayectoria.

Ver biografía ampliada de José Ramón Sánchez Sanz

 

 

Equipo de realización

Entrevistadora: Zhenya Popova
Operador de Cámara y montaje: Txatxe Saceda