Datos biográficos
Fecha de nacimiento: 08/01/1944
Nacionalidad: Española
Comarca de residencia: Santander
Fecha de la entrevista: 01/04/2026

Antes de aprender braille, Francisco ya había empezado a leer el mundo con las manos. Recuerda el trigo frío en verano, el roce de las espigas y las letras en relieve de algunas botellas de cristal, que recorría con los dedos para reconocerlas. Son, dice, «sensaciones que me han quedado». Francisco de José Ursueguía Rodríguez —Paco de Pepe— nació el 8 de enero de 1944 en La Cantera, en Merodio, Peñamellera Baja, Asturias. Hijo de Manuel de José Ursueguía y Benigna Ursueguía Rodríguez, creció en una casa sin agua corriente ni luz, entre huerta, frutales, gallinas y ocho vacas cuya leche se llevaba para Nestlé a La Penilla, Cantabria. Durante sus primeros años vio lo suficiente para conservar colores y formas; después, la vista fue desapareciendo poco a poco. «Cuando no hay nada, poco es algo», dice al volver a una infancia en la que llevar agua o leche significaba trabajo, pero también salir de la finca y sentirse útil.

El 21 de abril de 1951, con siete años, su madre lo afilió a la ONCE en Oviedo. Fue la puerta hacia una educación que hasta entonces la familia apenas conocía. Cinco meses después, el 21 de septiembre, ingresó en el colegio Santiago Apóstol de Pontevedra, en Campolongo, donde permaneció hasta los quince años. Allí estuvieron, como él dice, sus «primeras letras y sus primeras lágrimas»: el braille y los libros, pero también una experiencia especialmente dura. Benigna y su hermano aprendieron braille para poder escribirle, así la distancia se redujo. Al volver hoy sobre aquellos años, Francisco introduce una cautela que atraviesa todo su relato: «El recuerdo es ‘poeta’, nunca ‘historiador’. La historia es otra cosa». En 1959 continuó su formación en Madrid, en el colegio Inmaculada Concepción; cursó Bachillerato Elemental y después Magisterio en la Escuela Pablo Montesinos. «El estudio sirve para abrirte puertas».

En 1966 llegó a Santander para vender cupones de la ONCE y empezó a hacerse un lugar propio en una ciudad desconocida. Llegó el 1 de septiembre, el mismo día en que comenzaba la demolición del Teatro Pereda. Aprendió a recorrer solo sus calles, trabajó durante treinta y siete años y medio, y encontró en el trato cotidiano con la gente una parte importante de su vida. En 1968 se casó con Lucila, santanderina, y tuvieron dos hijos. Francisco habla de la ceguera sin eufemismos: «Yo no soy invidente, yo soy ciego». Y entiende la autonomía como la posibilidad de decidir, desenvolverse y participar, no como vivir al margen de los demás. Lo explica con una imagen a la que vuelve una y otra vez: «Para que el Pisuerga llegue a la mar, tiene que buscar el Duero. Si no, no llega». Para él, conocerse también es un camino de ida y vuelta: que las personas ciegas puedan explicar cómo leen, cómo se orientan y cómo viven, y que la sociedad esté dispuesta a conocer otras formas de estar en el mundo.

Desde 1988 escribe, ordena y reúne poemas, recuerdos y vivencias. Entre sus libros y manuscritos aparecen Gracias por existir, Flores de zarzamora, Perlas y acuarelas, Brumas, Pinceladas, Desandando caminos, Canción para Selene, De la raíz del manzano o Mi rosa de los vientos. En ellos vuelve a la experiencia, los afectos y la tierra de la que procede: «Uno no debe olvidar de dónde ha nacido», dice. El braille, la máquina Perkins y, después, los dispositivos electrónicos y la voz han ido cambiando las herramientas, pero no el trabajo de escribir: «Diez por ciento de inspiración y noventa por ciento de transpiración». Tras la muerte de Lucila en 2008, los libros, la escritura, el piano y la música le ayudaron a atravesar muchas horas difíciles. Desde hace veintidós años, Montse trabaja con él y es también una amiga y una presencia importante en su vida cotidiana. A los 82 años, Francisco mira lo vivido sin convertir la ceguera en la explicación de toda su vida ni su historia en un relato de superación. «La vida es lo que queremos que sea y lo que nos deja». Y cuando se le pregunta qué quisiera que permaneciera, responde sin rodeos: «Mientras haya una persona que me recuerde, estaré aquí».

Ver biografía ampliada de Francisco de José Ursueguía Rodríguez
Equipo de realización

Entrevistadora: Zhenya Popova
Operador de Cámara y montaje: Txatxe Saceda